Cojones

Cojones según Paula Bonet

Con “Cojones” en las manos, Santi Campos se sorprende por su vuelta después de un largo parón.

A nosotros no nos sorprende lo más mínimo porque lo estábamos esperando y lo celebramos levantando con entusiasmo las copas para darle la bienvenida. Nos alegramos de verle cruzar de nuevo esa puerta. Nos alegramos también al verlo tan bien acompañado. Porque este disco no solo es una delicia de palabras e imágenes, también es un gozo de melodías, golpes y sonidos.

Santi Campos ha sabido rodearse de un grupo de amigos que han vestido a su “Cojones” con la mejor ropa interior. Con la más mutante, la que mejor se adapta a cada uno de sus balanceos, de sus cambios de forma, de sus estados de ánimo. La guitarra y los coros de Julián Saldarriaga (“Love of Lesbian”, “Mi Capitán”), las percursiones de Nacho García (“Cooper”, “Jero Romero”, “Annie B Sweet”), los teclados y sintetizadores de Martí Perarnau (“Mucho”, “Mi Capitán”), y el poliédrico Ricky Falkner al bajo y al piano.

La imagen del disco (obra de Noemí Llantada), la de un corazón delimitado por unos alfileres insertados en sus extremos que lo defienden de los peligros del exterior. Lo resguardan pero se le clavan y le causan dolor. Uno conocido, ese con el que cada uno de nosotros lidiamos cada mañana al despertarnos, el que nos acompaña mientras vertemos el café en nuestra taza. Es la palabra “cojones” la que dibujada en una tira blanca de tela acaba abrazando al corazón y lo protege con toda la sabiduría popular del mundo contenida en un modismo: “Échale cojones, Santi”.

Y tanto que se los ha echado. Nos encontramos en este disco con un Santi Campos que mira hacia atrás y se pregunta si ya es tarde. Mira al pasado para enfrentarse al presente, para mirar lo que viene de frente, para recibirlo de la manera más brava posible. A veces se aferra a los recuerdos y otras veces los desecha, gritando que ya está bien de tanta urgencia, deseando que vuelva la calma. Lo lento. Los procesos necesarios.

Palabras y construcciones sencillas que bañan todo el disco con el querido tópico literario del paso del tiempo. Del miedo pero también del gozo que nos proporciona. ¿Decepciona el presente al autor? ¿Es el pasado el mejor refugio? Quizás lo es. Quizás no. Santi Campos se aferra a los recuerdos pero acaba renunciando a ellos en un proceso de crecimiento. Usa la ironía, la convierte en melodrama y nos invita a que le cojamos de la mano para seguir adelante. Para que cuando por fin sepamos que somos la consecuencia de lo que hemos vivido y entendamos más o menos de qué va todo esto no nos caiga el cielo encima cuando un niño por la calle nos llame “señor”. “Y los niños te miran como si jamás | hubieses sido un chaval”. Despertamos del golpe y somos conscientes de la elipsis temporal en la que hemos estado viviendo casi sin darnos cuenta. ¿Es tarde? ¿Es realmente demasiado tarde? “Miras y vas recordando | el tiempo perdido en hacer algo | y ahora te das cuenta de que es tarde.”

“Cojones” es un disco lleno de propósitos. Una lucha por salir del no entendimiento. Una autoafirmación rotunda. “Voy a dejar de hacer el idiota | voy a cambiar | voy a empezar a hacer el mal”. También es un disco que retrata a la perfección a esta familia que formamos los que hemos nacido relativamente cerca en el tiempo y hemos vivido en el mismo contexto. Nos retrata mirándonos de frente, poniendo nuestros miedos en la palestra. Obligándonos a cuestionar nuestras elecciones y a ver que, por más que nos lo creamos, muchas de las veces no somos libres en absoluto. “Y qué le van a hacer si no escogieron este amor”. En “Aire y plomo” compartimos tiempo, cama y palabras con alguien que está a nuestro lado porque a ninguno de los dos nos gusta vivir solos.

“Tú puedes ser lo que quieras, un hombre o un animal | puedes ser un pez flotando muerto en el mar”, dice un loco hacia el final del disco. Tú puedes romper lo que pensabas irrompible. Puedes pelear. Avanzar. Cambiar las cosas. Tropezar de nuevo y caer con todo tu peso en la cara sobre esos errores y miedos que te han mantenido durante demasiado tiempo en un estado de bloqueo. “Hablando, hablando | nos hicieron callar”. Pero ahora podemos hablar. Y Santi Campos lo hace extremadamente bien en estos “Cojones” que lo han salvado del tedio y que nos lo han devuelto entero, mucho más complejo que cuando se fue.

Ya no quiere que lo salven.

Vamos a dejar que él nos salve a nosotros.

Paula Bonet 2016

 

Cojones según Santi Campos

Este nuevo disco se llama Cojones. Así, sin más. Anunque pueda parecer un nombre feo, pero para mí significa muchas cosas difíciles de explicar, aunque podrían resumirse en algo así como el empecinarte en tener ganas, echarle valor, buscar el lado mágico y divertido de la vida. En definitiva, seguir aprendiendo a volar.

La portada, el corazón “Cojones”, es una foto de una obra de Noemí Llantada, pintada sobre madera, que ella misma me regaló hace tiempo y que tiene mucha culpa de que el disco se llame así.

No recuerdo haber tenido en años -en muchos- esta sensación que tengo en este momento al enfrentarme a la grabación y la publicación de un disco, y la verdad es que la echaba de menos. Ahora es cuando adquiere sentido todo lo que ha pasado por mi cabeza, por mi vida y por mi música en los últimos cinco años. Es el resultado del cambio de ciudad y el cambio de vida.

Ahora tiene más sentido también el parón musical de casi dos años que decidí hacer en su día, provocado en gran parte por el tremendo aburrimiento que me provocaba mi música. El aburrimiento de uno y el piloto automático es lo peor que te puede pasar si tienes aspiraciones creativas, te convierte en un funcionario de ti mismo. Ya no siento eso. Ahora tengo canciones nuevas y distintas, tengo energía e ilusión, y también tengo a los compañeros que había imaginado para este viaje.

Esos compañeros son Nacho García (Jero Romero, Cooper, Jacobo Serra), Julián Saldarriaga  (Love of Lesbian, Mi Capitán), Martí Perarnau (Mucho, Zahara) y Ricky Falkner (Egon Soda, Stanstill), amigos a los que admiro y que me han hecho el regalo de grabar conmigo estas canciones en las que tanto creía, y que en sus manos se han convertido en algo mágico. El resultado lo iré enseñando a medida que avance el proyecto, y espero que os guste, pero tengo que deciros que, aparte de haber sido una experiencia humana increíble, esta grabación para mí ha supuesto también un regalo, y un master de cómo se graba un disco. Gracias también a ellos por esto.

No me quiero olvidar de Iván González “Chapo” y Antonio Pérez de los estudios Subsonic de Madrid, donde se grabó la mayor parte del disco; ni de Alex Vivero, a cargo de recordings y mezclas, por ser -los tres- tan profesionales y tan buena gente.

Créditos

Santi Campos: voz, guitarra española y eléctrica, sintetizadores.
Iván González “Chapo”: bajo.
Ricky Falkner: bajo y piano.
Nacho García: batería, percusión y voz.
Julián Saldarriaga: guitarra, sintetizador y voz.
Martí Perarnau: teclados y sintetizadores.
Javier Extremera, Joel García, Elmo Extremera y Alex Vivero: voces

Grabado en Subsonic (Madrid) por Iván González “Chapo” y Antonio Pérez, en octubre de 2015. Recordings adicionales en Mini Blind (Barcelona) en diciembre de 2015.
Mezclado por Álex Vivero en su estudio de Santa Eulalia de Ronçana.
Materizado por Marc Parrot en Grabaciones Silvestres (Sant Quirze de Safaja, Barcelona).

Corazón de portada (acrílico sobre madera y clavos) por Noemí Llantada.
Fotografías por Vicente Núñez.
Artwork por Nacho García.

Rock Indiana 2016