Bio

Por Colin O´Marah

Quienes seguimos disfrutando de cuando en cuando de los viejos, entrañables y verdaderamente formidables discos de Malconsejo no echamos de menos aquella época fantástica, marcada por el ímpetu juvenil de una banda en plena efervescencia y de un vocalista, guitarrista y compositor principal, Santi Campos, que ya daba evidentes muestras de una capacidad compositora que se antojaba fructífera y duradera.

Y la principal razón para esquivar tan fácilmente la nostalgia es que cada nuevo paso en la carrera de Santi es un paso al frente, un solidísimo argumento para seguir creyendo, disfrutando de un talento singularísimo, haciendo nuestras unas canciones que palpitan, que respiran a grandes bocanadas, que viven y crecen con cada escucha.

Así sucedía en Malconsejo, así también en aquellos dos preciosos discos en solitario de principios del siglo en curso, y así, desde luego, durante toda la brillante carrera de Amigos Imaginarios.

Ahora, apenas un año después de su regreso en solitario –ese excelente “Cojones”, señalado por diversos medios como una de las mejores obras de la escena nacional del pasado año-, Santi regresa con dos canciones nuevas, dos poderosas e impactantes piezas de rock contemporáneo sin muchas más etiquetas de las que echar mano. Porque lo que hace Santi es seguir un instinto empecinado, rebelde y acaso provocador que lo acaba llevando a terrenos que rehúyen lo obvio, que acogen la sorpresa de lo genuino.

Hay varias buenas nuevas en esta entrega. La primera es que Santi sigue avanzando, marchando hacia adelante guiado por una pasión que, aquí queda claro, no es patrimonio exclusivo de principiantes temperamentales (*). La segunda es que la banda de la que se hace acompañar desde hace un año, Herederos, ha logrado dejar su impronta en el hacer de su jefe, dotando a estas dos canciones de un sonido fresco, intenso, poderoso y diferente. La tercera: Miren Iza, un valiosísimo tesoro de nuestra música, una voz maravillosa que encaja como un guante como contrapunto dulce y al tiempo áspero a la eterna y ya familiarísima gravedad de Santi. Otra más: que nuestro protagonista parece estar cada vez más inspirado en unos textos que no son en absoluto una excusa para poder cantar una melodía, sino que pugnan por situarse en primer plano con argumentos tan sólidos como la intensidad, la contundencia, la veracidad…

Santi sigue creciendo, sigue ampliando su radio de acción; y eso, cuando nos hallamos ante un músico con muchos lustros de carrera a sus espaldas, es algo sencillamente fantástico.

(*) O tal vez es que Santi es un eterno principiante temperamental…

Foto: Vicente Núñez

 

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